"El capital intelectual busca su lugar en el balance de la empresa"

EULÀLIA FURRIOL (La Vanguardia Digital - 19/7/99)

El valor de una empresa cada vez depende menos de sus activos físicos y financieros reflejados en los balances contables y más del capital intelectual, término que se utiliza con frecuencia como sinónimo de intangibles. Este traspaso de valores evoluciona a medida que va ganando peso la denominada “economía del conocimiento”, basada en la producción, distribución y uso de conocimientos. Ello incluye la experiencia y formación de los empleados, el valor de una marca y de una patente, la capacidad de innovación de una empresa, etcétera.

El valor del conocimiento no es nuevo, ha conducido el progreso e impulsó la revolución industrial, pero si a mediados de los setenta más de la mitad del valor de cada una de las empresas incluidas en el ranking Fortune 500 procedía de activos tangibles, en los noventa se calcula que este valor ha descendido hasta un 25%. El resto tiene cada vez más importancia, sin embargo, no está reflejado en la información de las empresas.

Los intentos por medir y unificar la información sobre estos intangibles son crecientes. Un simposium organizado por la Organización de Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE), en Amsterdam, ha sido uno de los mayores intentos, por el número de países y empresas participantes, de debatir el tema.

“La principal conclusión del simposium es que se pueden establecer criterios para medir el capital intelectual, y que existe interés por establecer unos principios que lo hagan más práctico y verificable. Quizás algún día los standards conseguidos hoy en la información financiera se den también en la información del capital intelectual”, explica Gregory Wurzburg, de la OCDE. “En próximos trabajos deberemos definir cuáles son los indicadores clave del capital intelectual y de la información sobre creación de valor, pero por el momento se ha acordado una clasificación general de cuatro áreas de gestión: los recursos humanos, la de clientes, la tecnología de la información e investigación y desarrollo”, comenta Wurzburg.

La amplitud del interés despertado por el simposium sorprendió a sus propios organizadores. “Las grandes corporaciones están interesadas en establecer indicadores porque esperan con ello reducir el coste del capital, obteniendo nuevas inversiones. Para las empresas más pequeñas supone sobre todo dotarse de un lenguaje para comunicarse en sus relaciones con los bancos y con el mercado laboral, es decir, para poder contratar personal muy cualificado. Les puede dar el lenguage y la métrica”, comenta Gregory Wurzburg.

Si comparamos el valor bursátil de una empresa con el valor de sus activos físicos constatamos que son cifras que se sitúan en dos órbitas diferentes. “No podemos decir que la diferencia es el capital intelectual -comenta Wurzburg- pero deja en evidencia que, sencillamente, no sabemos muy bien qué es lo que crea valor, especialmente en los sectores de alta tecnología. En algunos casos coincide una concentración de ignorancia y de optimismo”. Con la reciente experiencia de Coca-Cola, añade, ha quedado en evidencia. “En este caso como en otros -explica- nos preguntamos quién está gestionando todo este valor, que incluye la confianza del consumidor, la protección del valor de una marca, por ejemplo.”

Gestión del conocimiento

Paralelamente al desarrollo de la “economía del conocimiento” aumenta la necesidad de compartir estos conocimientos. Existe la falsa creencia de que el conocimiento es poder, y de que cuanto menos se comparta más seguridad se tiene en el trabajo. Pero esto es erróneo, porque la capacidad de aprender y compartir es cada vez más importante en un entorno en que la flexibilidad y velocidad de cambio e innovación de las empresas es básica para sobrevivir”, explica Beatriz Sánchez Guitián, responsable de negocios basados en el conocimiento de la consultora Ernst & Young en España.

La habilidad de generar, estructurar y compartir conocimiento en una organización es una ventaja competitiva esencial. “La situación más común es que este valioso activo de la organización permanezca infravalorado, aislado en los diferentes departamentos o atrapados en la mente de los individuos. Pero lo peor que puede ocurrir es que el conocimiento se vuelva obsoleto y haga que la empresa pierda capacidad de innovación y su posición en el mercado”, advierte Beatriz Sánchez .

Las empresas de seguros son otro sector interesado en encontrar sistemas de análisis para evaluar el capital intelectual y la propiedad intelectual, como el valor de una marca y la reputación de una empresa. Sus clientes empiezan a pedirles un seguro para estos intangibles.

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